Gerencia del Centro Histórico - Elementos filtrados por fecha: Agosto 2021
Viernes, 27 Agosto 2021 19:14

CUETLAXCOAPAN #28

Publicado en Nuestras Revistas
Jueves, 26 Agosto 2021 21:15

El Barrio del Artista en Puebla

Por: Brenda Angélica Juárez Sauza

Si ha visitado el Barrio del Artista sabrá que las noches ahí son bohemias, de arte, regocijo y trova, o al menos así las viví en mis años de estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP; seguramente todos los poblanos lo reconocen como un sitio turístico, emblemático del Centro Histórico, sin duda su aire bohemio envuelve a sus visitantes, tanto locales como extranjeros, con sus pequeñas galerías que albergan a pintores y pinturas de retratos, paisajes, bodegones y más, recién creados.

La conformación de este barrio artístico surgió en la década de 1940, tras la Revolución, cuando en México era de gran importancia la formación de una nacionalidad e identidad, y los artistas formaban parte de uno de los gremios con mayor influencia sobre las masas, unificando así su trabajo artístico con una política nacional que buscaba rescatar el pasado indígena, influenciados por los muralistas de la década de los veinte, como José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.

Sus fundadores, los hermanos pintores José y Ángel Márquez Figueroa en conjunto con sus alumnos más destacados de la Academia de Bellas Artes de esta ciudad, conformaron el grupo artístico encargado del barrio. El lugar se conocía para ese entonces como La plazuela del factor, que en 1827 había sido utilizado como un centro de comercio de ropa usada, mejor conocido como el Parián chico, en imitación del comercio capitalino.

El lugar estaba abandonado y se encontraba en malas condiciones, pero para el pintor Márquez este era el sitio adecuado, había pequeños cuartos que podían albergar a cada pintor, justo como sigue hoy en día. Al compartir la idea con sus alumnos, estos la aceptaron y apoyaron. En seguida se puso en marcha para saber qué requisitos necesitaba, se entrevistó con el gobernador del Estado, Gonzalo Bautista Castillo, a quien le pareció una buena idea, y con la contribución del presidente municipal, Juan Manuel Treviño, quien donó la propiedad, iniciando así la construcción del proyecto artístico. Con el lugar disponible, fue necesaria la creación oficial de un grupo para representar a estos artistas. El 8 de abril de 1940 se inauguró la Unión de Artes Plásticas, y su primera exposición se lleva a cabo el 5 de Julio de 1941.       

Referencias:

  • FERNÁNDEZ BLANCA, Lorente Jesus-Pedro (eds.), Arte en el espacio Público: barrios artísticos y revitalización urbana. Zaragoza, Prensas universitarias de Zaragoza. 2009.
  • FLORES MONTAÑO, Mayeli. Una puerta a la memoria. Pintores y elites artísticas en Puebla, 1941-1954. Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2006
  • LEICHT, Hugo. Las calles de Puebla, Puebla, Secretaría de Cultura, Gobierno del estado de Puebla, 2006
  • LOMELI VANEGAS, Leonardo. Breve historia de Puebla, México, COLMEX, 2001.
  • MANJARREZ, Alejandro C. Puebla, el rostro olvidado. Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 1999.
  • RIUS ULLDEMOLINS, Joaquim. “¿Por qué se concentran los artistas en las grandes ciudades? Factores infraestructurales de localización, estrategias profesionales y dinámicas comunitarias" en Revista Española de Investigaciones Sociológicas. Septiembre 2014, pp. 73-88.
Publicado en Nuestro Blog
Martes, 24 Agosto 2021 21:19

Preservemos las Zonas Arqueológicas

Las zonas arqueológicas (Teocalli) no son simples rocas. Son nuestras raíces, evidencias de nuestro pasado. En realidad, cuando hablamos de zonas arqueológicas estamos hablando de todo lo que constituye el pasado y también el presente, pertenecientes a la sociedad en la que vivimos, aquello que consideramos valioso y vale la pena ser disfrutado por las futuras generaciones. Las zonas arqueológicas, además de los lugares, incluyen también objetos y costumbres, las cuales tienen un significado cultural y son relevantes para nosotros.

Una parte de este patrimonio es visible, como las construcciones, paisajes, sitios arqueológicos, estructuras etc., mientras que otra tiene un carácter invisible, como nuestra lengua, el arte, el baile, la música o nuestras creencias religiosas. Por tanto, el patrimonio cultural no está hecho sólo de cosas viejas, sino de muchas cosas vivas, lugares, o incluso costumbres que forman parte de nuestro presente, las cuales tienen profundas raíces ancestrales, con un valor cultural que debemos hacer llegar a las futuras generaciones.

¿Por qué es tan importante conservar nuestras zonas arqueológicas?

Las zonas arqueológicas son una parte fundamental de nuestra identidad como comunidad y a nivel individual. Son una característica importante del entorno en el que vivimos, y que me gustaría seguir viendo, palpando, leyendo. Es importante procurar que todos tengamos acceso a su conocimiento, para que no mueran. En cambio, debemos fortalecer su legado de sabiduría, que se respeten y se den a conocer a la sociedad.

Conocer nuestro patrimonio cultural nos ayuda a entender una parte importante de quiénes somos y cuál es nuestra posición en el mundo y en la vida en general. También nos hace comprender mejor el potencial de recursos con que contamos y a dónde queremos llegar, o en qué podemos convertirnos.

Por todo lo anterior, resulta fundamental estudiar ampliamente y dar a conocer nuestro patrimonio arqueológico, así como realizar todos los esfuerzos necesarios para conservarlo. Los teoacalli merecen protección, y todas y todos los que vivimos en sus alrededores debemos darnos el tiempo para saber de ellos y mostrarle al mundo su importancia. Estamos frente al dilema de la urbanización, por lo tanto, debemos realizar acciones específicas para frenar su pérdida. Los sitios arqueológicos nos brindan información sobre el pasado de nuestro país, que no es posible obtener de otra forma. Si no actuamos ahora será más complicado el entendimiento de nuestro pasado, así como la recuperación de aspectos sociales y culturales que nos dan identidad.


¹Primero de secundaria. Pertenece a la Red por la Infancia y la Adolescencia Puebla, A.C.

 

 

 

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Sin duda los documentos del Ayuntamiento de Puebla han sido de los mejores administrados en el ámbito municipal de todo el país a lo largo de muchos años. Hay testimonios desde la época virreinal que nos muestran los intentos por conservar los documentos generados, por organizarlos, e incluso, de recuperarlos de diversas situaciones que los pusieron en riesgo. Muchas generaciones de archivistas han logrado, con su arduo trabajo, la preservación de este acervo documental, el cual cuenta hoy en día con cerca de 1.8 kilómetros de documentación.

Sin embargo, el archivo municipal se encuentra en un reto ante los requerimientos de la Ley General de Archivos que entró en vigor en 2019, pero también ante el problema del excesivo centralismo que ha hecho de la historia de la ciudad, la historia del Municipio. Es decir, en cuanto se cruza la línea de la traza virreinal, se cruzan los límites de otras narrativas que, si bien se han tratado de abordar en el ámbito académico, existen grandes vacíos de información debido a la falta de documentación.

Fotografía hallada en San Felipe Hueyotlipan. 2020. Foto de Manuel Alejandro Hernández Maimone

La historia del Municipio es más que la historia de la ciudad de Puebla, pues el Municipio se compone por otros pueblos que tradicionalmente formaron parte del sistema de la ciudad desde sus orígenes, como San Baltazar Campeche; otros que se crearon dentro de su jurisdicción a finales del siglo XIX y principios del XX como Ignacio Romero Vargas y La Libertad; otros que se incorporaron por la eliminación de su rango como municipios y que se convirtieron en Juntas Auxiliares con el decreto de 1962. Y aunque no podemos desdeñar el reclamo de recuperar su reconocimiento como municipios, de cualquier modo, el Ayuntamiento de Puebla debió cuidar los acervos documentales de las Juntas Auxiliares con el mismo ahínco con el que ha cuidado el que históricamente se encuentra dentro de las instalaciones del Palacio Municipal.

Desde 1993 se ha trabajado por mejorar las condiciones de este acervo, de ampliar sus facultades al dejar de ser el archivo de la Secretaría General para convertirse en el Archivo General Municipal, de rescatar la documentación que se encontraba en las dependencias y entidades; de mejorar sus instalaciones con el proyecto de la Antigua Cementera como sede de la Dirección, las bóvedas y el archivo de Concentración; con la creación del Comité Municipal de Archivos como Unidad Coordinadora. Pero aun el archivo mantuvo sus esfuerzos exclusivamente para gestionar la documentación que genera la administración pública centralizada y, más precisamente, la historia de la ciudad.

 

Proyecto de auditorías de archivos

A partir de 2018 se inició un proyecto de Auditorías de Archivos, aplicado en la totalidad de las Dependencias y entidades centralizadas, descentralizadas y desconcentradas de la Administración Pública Municipal. Esta auditoría empezó con la creación de un directorio, partiendo desde las jefaturas hasta las unidades administrativas de mayor rango; luego se identificaron las funciones que realiza cada una con las que realizaban las unidades administrativas de otras administraciones, considerando que muchas de estas han cambiado de nombre, se han escindido, fusionado o desaparecido, sin desaparecer las funciones, ya que solo fueron reubicadas. Con ello se pudo identificar la falta de documentación de muchas jefaturas, direcciones, secretarías y, sobre todo, de las Juntas Auxiliares.

Antes de comenzar con el trabajo de las Juntas Auxiliares, se inició con la ubicación física de los archivos de las unidades de la administración pública centralizada; hallando fondos acumulados, abandonados y en mal estado, donde se encontró documentación no transferida por administraciones anteriores. Por ejemplo, se halló documentación de Industrial de Abastos Puebla (Rastro Municipal) en los corrales donde se resguardan los ganados; en las instalaciones del Organismo Operador de Limpia tenían documentos amontonados en un estacionamiento; de Desarrollo Urbano se hallaron dos bodegas solo ocupadas para documentación abandonada, una en el Bioparque la Calera y otra en la Laguna de Chapulco, además de otros documentos en malas condiciones en lo que antes fue la fábrica Mayorazgo. Esto solo por mencionar algunos espacios, pero que en general representan fondos acumulados desde 1987, los cuales fueron ordenados y se iniciaron los procedimientos correspondientes de baja y transferencia a los archivos de concentración e histórico.

 Documentos de la Secretaría de Desarrollo Urbano. 2019. Foto de Manuel Alejandro Hernández Maimone. 

Rescate de los archivos de las Juntas Auxiliares 

Casi de manera paralela se abordó el problema de las Juntas Auxiliares. Se inició con una serie de visitas, en las cuales se convenció a los presidentes auxiliares de la importancia de observar el cumplimiento de la Ley General de Archivos y lo que representa un acervo documental para la memoria histórica de estos pueblos. Se capacitó al personal en materia de gestión documental y se aprobó en sesión del Comité de Archivos la inclusión de enlaces de archivos de cada una de las Juntas Auxiliares en las sesiones y como miembros de dicho comité. Estos fueron los primeros pasos para la incorporación de las Juntas Auxiliares al Sistema Institucional de Archivos.

Pero aún nos encontrábamos ante el problema de la gestión de la documentación. Ante una visión centralista, y empleando los recursos legales que le confieren las leyes al Archivo General Municipal, se pudo haber reclamado la documentación histórica para su traslado al Archivo General Municipal. Sin embargo, se puso en una balanza las atribuciones jurídicas de la Unidad Coordinadora de Archivo con los Derechos Humanos. El derecho a la cultura, la identidad y a la historia de los pueblos es de gran importancia para el desarrollo político y social de las comunidades. Además, se consideró que fue precisamente por la excesiva centralización, en todos los ámbitos, que se generó el problema denominado como “ruptura del tejido social”. Una forma de compensarlo, por lo tanto, es reconocer el derecho que estos pueblos tienen de gestionar su propia cultura, de tener su identidad, de gestionar su patrimonio.

Así pues, se inició con el proyecto de rescate de los Archivos de las Juntas Auxiliares. Primero se acondicionó un espacio para albergar su acervo. Se revisó que en esos espacios hubiera las condiciones climáticas mínimas que pudiesen garantizar el cumplimiento de las recomendaciones ambientales para la conservación de archivos: no más de 20 °C, humedad relativa controlada y buena ventilación. Se cambiaron pisos, ventanas y se impermeabilizaron los techos. En algunos hubo que quitar pasos de agua, desviar caídas de agua exteriores que pudieran generar humedad en los muros. Finalmente, se adquirió estantería de alta densidad, que permitiera el almacenamiento de un gran volumen de documentos. Luego se procedió a la limpieza de las bodegas. En las primeras inspecciones, los presidentes auxiliares nos mostraron los lugares donde tenían almacenada la información; pero conforme se avanzaba en el ordenamiento, siguieron apareciendo otros espacios; algunos proporcionando la satisfacción de encontrar documentación cada vez más antigua.

Documentos de San Miguel Canoa. 2019. Foto de Manuel Alejandro Hernández Maimone

Es necesario destacar que, sin duda, fue también visible la falta de un gran volumen de información. Esto constituye una pérdida irreparable para la historia del pueblo, del Municipio y del país, pues en pueblos que incluso son de origen prehispánico y virreinal, no poseen documentación anterior al siglo XIX; o que incluso, ya no tengan más que la información generada por la administración en curso. En una serie de entrevistas que hicimos a funcionarios de las Juntas, expresidentes, activistas y ciudadanos, nos narraron que era costumbre que los presidentes auxiliares se llevaran la documentación de “su administración”, porque es “suya”; fenómeno que fue recurrente en la mayoría; por lo que solo se pudo recuperar documentación antigua en cinco Juntas Auxiliares, como se muestra en la tabla 1.

Tabla  1: Juntas  Auxiliares con  documentación administrativa antigua

Junta Auxiliar   Fechas extremas
San Miguel Canoa 1810-2012
San Felipe Hueyotlipan  1886-2012
San Francisco Totimehuacan 1912-2012
San Pedro Zacachimalpa        1963-2012
San Andrés Azumiatla   1960-2012

                                                                                                                 

En algunas Juntas se generó su archivo histórico con documentación reciente, iniciando con documentos de los años 2012 y 2014, en otros casos se dejó como archivo de concentración. Aunque en términos de documentación histórica no representa gran información, la implementación del archivo histórico tiene como objetivo que en lo subsecuente las administraciones venideras vayan dejando el registro de sus acciones. Así pues, se establecieron archivos históricos con documentación reciente en las Juntas Auxiliares que se muestran en la tabla 2.

Tabla  2: Juntas  auxiliares con documentación administrativa reciente

 

Junta Auxiliar Fechas extremas
San Jerónimo Caleras  1997-2012
Santa María Xonacatepec   2014-2018
Santo Tomás Chautla   2014-2018
Santa María Guadalupe Tecola     2012-2018

                                                                                                                       

En dos Juntas Auxiliares se pudo observar que ya hubo rescate de documentación en otra época, pero que fueron nuevamente descuidadas. En San Miguel Canoa se pudo identificar que este trabajo lo realizó ADABI de México, y aunque se conservaba el orden y no hubo perdidas de documentos, éstos fueron reubicados en un espacio que tenía mucha humedad, por lo que el acervo estaba contaminado con microorganismos, de ahí que fuese necesario dar una primera atención para contrarrestar este daño. En San Francisco Totimehuacan no se pudo identificar quién llevó a cabo ese primer ordenamiento, pero se pudieron distinguir “atados” que tenían cierto orden; pero en este caso sí se había perdido el intento de ordenamiento. 

Sobre San Francisco Totimehuacan es necesario hacer algunas menciones de hallazgos. Se encontró un documento que explica por qué la documentación comienza en 1912: el archivo fue incendiado durante los levantamientos revolucionarios en 1914, por lo que sólo se encontró un documento de 1912 y de ahí el grueso de la documentación empieza en 1914. También cobra relevancia que en este archivo se encuentra mucha información sobre San Pedro Zacachimalpa, Santo Tomás Chautla, Ignacio Zaragoza, San Andrés Azumiatla, Los Ángeles Tecola, San Baltazar Tetela, el Ahuacate y de las colonias del Sur, como Xilotzingo, entre otras, pues estos fueron pueblos subalternos de Totimehuacan; en esto radica su importancia. Además, se halló mucha documentación de presencia de “bandidos”, “insurrectos” y “zapatistas”, que estuvieron acechando la zona, e incluso aprehendieron a algunos personajes que no han sido abordados por la historia de la Revolución como Evaristo Amador. También hay documentos que podrán ayudar a la gestión del patrimonio edificado de ese pueblo, como el Ex-Convento Franciscano y la zona arqueológica, pues hay datos que mencionan que el convento está destruido desde 1862, o de los múltiples hallazgos de vestigios prehispánicos en diferentes lugares de lo que fue el municipio de Totimehuacan.

En San Felipe Hueyotlipan también se encontró un archivo muy interesante del cual puedo mencionar dos cosas relevantes. Hay un archivo judicial muy vasto, que va desde 1920, y que perteneció al juez de Paz y a la Agencia Subalterna del Ministerio Público, el cual su consulta puede servir para muchas investigaciones con respecto a la violencia y la criminalidad. Otro grupo de documentos que también nos pueden dar luces sobre la otra cara de la urbanización de la ciudad son las afectaciones a los pobladores de San Felipe cuando se construyó la Central de Autobuses, pues para lo que muchos poblanos representó modernidad, para otros vecinos significó la destrucción de su tejido social, la pérdida de elementos identitarios y la intromisión de nuevos pobladores que cambiaron la configuración de este pueblo.

Estas son sólo dos muestras de lo que puede significar cambiar el enfoque histórico del centro de la ciudad a todos sus componentes territoriales, pues la historia de una parte del Municipio no representa la voz de todos sus habitantes. Nuestra historia nos exige otra narrativa, otras voces, más allá de la ciudad fundada por españoles y trazada por los ángeles; una narrativa que nos explique, con mayor profundidad, las complejas interacciones sociales que se tejieron en el Municipio de Puebla. §


¹ Director del Archivo General Municipal de Puebla

 

 

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Rumbo al norponiente de la ciudad de Puebla, pasando el histórico Puente de México, a mano derecha, se encuentra la Junta Auxiliar Ignacio Romero Vargas. Así fue designada, por decreto del Congreso del Estado, el 3 de abril de 1900, en honor al militar y gobernador del Estado de Puebla que estuvo a cargo de la entidad de 1869 a 1875. No obstante, antes del mencionado decreto, y aún hoy en día, a este lugar se le conoce, comúnmente, como “Pueblo Nuevo”. Si bien pareciera que su historia es reciente, en realidad sus antecedentes se remontan a más de tres mil años de antigüedad. Actualmente, la expansión de la mancha urbana ha invadido por doquier a esta Junta Auxiliar y nos impide contemplar las evidencias de los pobladores que habitaron este espacio, el denominado cerro Citlaltepetl.²

Fue el sacerdote Alfonso Niño Mendoza, párroco del lugar, quien realizó una serie de gestiones, ante las autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia de Puebla, para que el espacio en el cual está asentada la Junta Auxiliar Ignacio Romero Vargas fuese reconocido como zona arqueológica. Este trabajo tiene como objetivo mostrar el camino que se recorrió para poner en valor el pasado prehispánico en Pueblo Nuevo, a partir del recuento de la información recabada en diversos oficios que fueron escritos entre los años 1987 y 1993, proporcionados por Víctor Hugo Dena Jiménez, quien conoció de cerca los esfuerzos realizados.

 

Monumento a cristo Rey. 2019.

 

Vista lateral del Monumento a cristo Rey. 2019.

 

Trabajos de gestión para la preservación de la zona arqueológica

 

El 15 de octubre de 1987, el arqueólogo Sergio Suárez Cruz ³ giró un oficio ⁴ al doctor Sabino Yano Bretón, director del Centro Regional de Puebla INAH, para informarle acerca de la inspección que se había realizado en Pueblo Nuevo. Luego de una reunión, el padre Alfonso Niño, sacerdote de la Purísima Concepción, le había mostrado a Suárez Cruz el montículo arqueológico y, sobre éste, el monumento de Cristo Rey. Durante las conversaciones que mantuvieron el arqueólogo y el sacerdote, se planteó el problema referente a la construcción de casas-habitación alrededor del sitio y se consignó que el área de la estructura arqueológica, donde no existían mayores construcciones, era aproximadamente de 15,000 m2, de los cuales, 1,500 pertenecían al monumento religioso de la Iglesia, mientras que 8,100 eran propiedad de Cementos Atoyac. El sacerdote Alfonso Niño tenía la intención de adquirir esas tierras para ampliar el atrio del monumento religioso y realizar un templo. El resto del terreno pertenecía a varias personas a quienes el sacerdote citó, el viernes 16 de octubre de 1987, para dialogar sobre el asunto. El arqueólogo Sergio Suárez consideraba que, a la brevedad posible, debía delimitarse el área ceremonial del sitio, con la finalidad de evitar construcciones y su uso como tierras de cultivo; la propuesta consistía en que el lugar debía acondicionarse como zona verde y de recreo para la población.

El 22 de octubre de 1987, el arqueólogo Sergio Suárez Cruz dirigió otro oficio ⁵ al doctor Sabino Yano Bretón, comentando que el asentamiento prehispánico se encontraba afectado por el área habitacional y de cultivo. Para ese momento estaba identificada la estructura arqueológica, correspondiente al centro ceremonial, donde se había construido, en la década de 1950, una gigantesca cruz sobre el montículo y, de manera reciente, una caja o depósito de agua. La problemática consistía en que algunos vecinos habían empezado a construir casas-habitación en terrenos próximos a la estructura arqueológica, por lo que se debía delimitar el sitio con la finalidad de protegerlo legalmente. En el oficio se indicó que se realizaría levantamiento topográfico para enviar los datos oportunos al departamento de registro arqueológico.

El 12 de noviembre de 1987 Sergio Suárez Cruz envió un nuevo oficio ⁶ al doctor Sabino Yano Bretón, informando que se había realizado, el 9 de noviembre, el levantamiento topográfico por Mauro Reyes, topógrafo del Centro INAH Puebla, con el objetivo de cuantificar el área delimitada y llegar a una solución con los propietarios de los terrenos afectados.

El 15 de mayo de 1989, el doctor Sabino Yano Bretón dirigió un oficio ⁷ a Jorge Morales Flores, presidente de la Junta Auxiliar Ignacio Romero Vargas, en el cual refería la prohibición de cualquier construcción de carácter particular en torno al monumento de Cristo Rey. También envió un plano del levantamiento topográfico realizado por pasantes de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Puebla (Taller Tesis Profesional 12- 8) y mencionó que las autoridades eclesiásticas tenían el proyecto de construir un templo con servicios y plaza, previa autorización del Centro Regional Puebla del INAH, de acuerdo con la solicitud formal que presentaban.

El 10 de agosto de 1989, el arqueólogo Eduardo Merlo Juárez dirigió un oficio ⁸ al arquitecto Daniel Carreón Vázquez, director del Centro Regional Puebla, donde solicitó que no se construyesen casas habitación en torno al monumento de Cristo Rey. Únicamente se permitiría la edificación de una plaza cívica y un templo, respetando el lugar y la protección de la estructura prehispánica. De este modo, el arqueólogo Eduardo Merlo Juárez solicitó al arquitecto Carreón Vázquez un nuevo oficio en el cual se recalcase la prohibición de construir, con copia al presidente municipal de Puebla y al secretario de gobernación.

El 16 de noviembre de 1989, el arquitecto Daniel Carreón Vázquez dirigió cinco oficios a habitantes de Pueblo Nuevo, ⁹ a quienes notificó que debían dejar de construir en el predio cercano al monumento a Cristo Rey, pues en él se encontraban los importantes vestigios de una antigua plataforma prehispánica, correspondiente al periodo Preclásico.10  En este sentido, y de acuerdo con la Ley Federal sobre Monumentos Arqueológicos, Artísticos e Históricos, se prohibían las excavaciones y construcciones, salvo de interés público o cívico que no perjudicasen al patrimonio cultural de la nación.

 

Pieza arqueológica resguardada en el Museo comunitario Ignacio Romero Vargas. 2021. Foto de Jonatan Moncayo Ramírez.

 

El 2 de septiembre de 1991, Rolando Raúl Guarneros Maldonado, presidente de la Junta Auxiliar Ignacio Romero Vargas, dirigió un oficio al arquitecto Daniel Carreón Vázquez, director del Centro Regional Puebla del INAH, para exponerle que, con el objetivo de dignificar el entorno y plataforma del monumento a Cristo Rey, se proponía un proyecto que contemplaba el reforzamiento de la base del monumento. El mejoramiento permitiría rescatar información que solicitaba el INAH, así como la preservación y embellecimiento del lugar. Además, refirió que el señor párroco, en colaboración con arquitectos tesistas de la Universidad Autónoma de Puebla, había implementado un estudio completo, cristalizado en una maqueta. El proyecto pretendía liberar el entorno del monumento y la construcción en ese extremo de la explanada, lejos del arranque del basamento antiguo, anexando instalaciones de una capilla, servicios parroquiales y oficinas de la presidencia auxiliar municipal. Se había previsto que los predios afectados fuesen canjeados, legalmente, por otros que había adquirido la parroquia, con iguales características y condiciones. Dicho proyecto beneficiaría a la comunidad con visitas de turistas y peregrinos, los cuales contribuirían a la realización digna de la Semana Santa, evitando amontonamientos de basura y focos de infección. Finalmente, Rolando Guarneros M. convocó al arqueólogo Daniel Carreón Vázquez para que, si así fuese conveniente, se realizase un convenio para formalizar la situación planteada. ¹¹

En atención a la anterior solicitud, contestó el arqueólogo Sergio Suárez Cruz el 25 de septiembre de 1991 con un oficio, ¹² dirigido al arqueólogo Eduardo Merlo Juárez, en el cual informó acerca de la inspección a la población, donde se delimitó, tentativamente, el sitio en 1987, por la Sección de Arqueología del Centro Regional; sin embargo, no se llevó a cabo la propuesta. Para ese momento, ya se habían construido viviendas en la explanada que rodeaba el montículo y se estaban construyendo otras al norte, por lo que era conveniente proteger el entorno. Sergio Suárez consideró importante que la situa ción se analizase por la Sección de Monumentos y la Dirección del Centro Regional, pues las obras podían afectar o beneficiar la zona, dependiendo de la orientación y el giro que se indicase.

El arquitecto Daniel Carreón Vázquez envió, el 16 de febrero de 1993, dos oficios al presidente de la Junta Auxiliar Ignacio Romero Vargas, Rolando Guarneros Maldonado. En el primer oficio, ¹³ solicitó la intervención para que en el predio que era propiedad del C. Jordán Zambrano de la Rosa, se dejase de construir, debido a que se estaba afectando un área de estructuras prehispánicas que correspondían al periodo Preclásico, cuyo elemento más relevante lo constituía la base del monumento a Cristo Rey. Por esta razón, se debía intervenir de inmediato para evitar un mayor daño a los vestigios arqueológicos. Lo anterior, con base en los artículos 5º, 6º, y 28º de la Ley Federal Sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos.

En el segundo oficio, ¹⁴ el arquitecto comunicó que el área superior de la eminencia natural en que se asienta el monumento a Cristo Rey, y su entorno inmediato, conforme al reporte de la Sección de Arqueología del Centro Regional Puebla INAH, constituía un núcleo ceremonial, conformado por restos de plataformas y la base de un montículo piramidal, cuyos materiales cerámicos indicaban que perteneció al periodo Preclásico, por lo que la construcción de cualquier tipo, que implicase excavación o remoción de materiales, causaría daños irreversibles al patrimonio. Por este motivo, era preciso que la autoridad inmediatamente vigilase todo tipo de obra.

 

Pieza arqueológica resguardada en el Museo comunitario Ignacio Romero Vargas. 2021. Foto de Jonatan Moncayo Ramírez.

 

El 6 de abril de 1993, el antropólogo Héctor Álvarez Santiago, director del centro local del INAH, envió un oficio¹⁵ al arqueólogo Eduardo Merlo Juárez, coordinador de la Sección de Arqueología del Centro Regional Puebla del INAH, para solicitarle un informe sobre la construcción del Sr. Jordán Zambrano, la cual ponía en riesgo las estructuras prehispánicas.

En esos términos concluyeron los deseos de la preservación del espacio arqueológico. Fue hasta el año 2014, con el entusiasmo de un grupo de ciudadanos, cuando se fundó, el 6 de diciembre, el Museo Comunitario Ignacio Romero Vargas, donde actualmente se albergan algunas piezas prehispánicas, evidencias fieles de ese pasado histórico, el cual debemos preservar, pues nos ayuda a comprender nuestro presente. §

 

Pieza arqueológica resguardada en el Museo comunitario Ignacio Romero Vargas. 2021. Foto de Jonatan Moncayo Ramírez.

 

 

Bibliografía

• CARRILLO VIVAS, Gonzalo, Crónica de Puebla. Reseña monográfica de las Juntas Auxiliares del Municipio de Puebla, Puebla, Municipio de Puebla, 1993.
• VV.AA., Historias Viejas de un Pueblo Nuevo. Puebla, SUTUNAM, 2020.


¹ Integrante de la Asociación Civil USD y Cofundadora del Museo Comunitario Ignacio ROMERO VARGAS.

³ Licenciado en Arqueología por la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana y Doctor en Antropología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). Profesor Investigador Titular “C”, adscrito a la Delegación
en Puebla del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Responsable de la zona arqueológica de Cholula y de diversos proyectos de investigación arqueológica en Puebla.

⁴ Oficio 401-A-311 (724-7)-11-1396.

⁵ Oficio 401-A-311 (724-7)-11-1401.

⁶ Oficio 401-A-311 (724-7)-11-1427.

⁷ Oficio 401-A-311 (724-7)-01-1237.

⁸ Oficio 401-A-311 (724-7)-11-218.

⁹ El primero 401-A-311 (724-7)-01-287 a Ignacio DE LA ROSA; el segundo 401-A-311 (724-7)- 01-288 a Alfredo DE LA ROSA; el tercero 401-A-311 (724-7)- 01-289 a Agustín DE LA ROSA; el cuarto 401-A-311 (724-7)- 01-290 a Jordán PÉREZ DE LA ROSA; y el quinto a Guadalupe CEMPOALTECATL, viuda DE LA ROSA.

¹⁰ También conocido como Formativo, el cual comprende los años que van del 1200 a.C. al 200 d.C.

¹¹ Este documento fue firmado por el presidente auxiliar, Rolando GUARNEROS MALDONADO y el Reverendo Alfonso NIÑO M. Se envió copia al Arqueólogo Eduardo MERLO JUÁREZ, Coordinador de Arqueología del Centro Regional de Puebla del INAH.

¹² Oficio 401-A-311 (724-7)-11-528.

¹³ Oficio 401-A-311 (724-7)-01-2674.

¹⁴ Oficio 401-A-311 (724-7)-01-2675.

¹⁵ Oficio 401-A-311 (724-7)-01-064.

 

Publicado en Cuetlaxcoapan 27
Martes, 24 Agosto 2021 20:10

Memorama de las Juntas Auxiliares

Las huellas humanas se han quedado en el patrimonio a través de objetos, saberes y prácticas donde se muestran aspectos recurrentes a lo largo del tiempo, sin embargo, también expresan las particularidades de cada grupo, las cuales nos enriquecen como comunidad en continuo movimiento. Al detenernos para admirar las diferencias, logramos la aprehensión del conocimiento, puesto que solo aquello que hemos incorporado a la experiencia le llamamos nuestro, es decir, nuestro origen, nuestros sitios predilectos, nuestros paisajes.

En este sentido, es indispensable insistir que el patrimonio cultural del Municipio de Puebla es vasto, y va más allá de la traza del Centro Histórico, reconocida como Patrimonio Mundial desde 1987. Por lo tanto, al apreciar las tradiciones, costumbres y habilidades artesanales de las Juntas Auxiliares reivindicamos el respeto a nuestra sociedad.

La Gerencia del Centro Histórico y Patrimonio Cultural reconoce que el vínculo social con relación al patrimonio forma parte de un proceso continuo, donde cada etapa de la vida representa una oportunidad para fomentar, difundir, y profundizar sobre los aciertos y desaciertos sociales. Como hombres y mujeres poseemos un acervo histórico personal que podemos compartir, de una manera agradable, con quienes apenas están en su primer contacto con el entorno, para que, desde la edad más temprana, niñas y niños aprendan a valorar quiénes somos desde el placer del juego. Al compartir con las niñas y niños actividades lúdicas, creamos un puente, un diálogo donde nos reconocemos de manera divertida, pues es en la niñez cuando a través de las vivencias se crean improntas fundamentales, necesarias para conformar nuestra identidad.

Plantilla de Memorama de Juntas Auxiliares.

Por este motivo, en la sección Te Recomiendo Poblan@, presentamos un juego de mesa especial que nos permite tener presente una de las raíces de nuestro origen: El “Memorama de Juntas Auxiliares”, compuesto por 40 tarjetas que contienen las 17 Juntas y sus glifos. Este juego se ha creado con la intención de poner en conocimiento de las niñas y niños los nombres de dicho territorio. Al tener entre sus manos las tarjetas se refuerza el conocimiento y al mismo tiempo desarrollan destrezas de retención a través de la imagen gráfica, además del descubrimiento de nuevos saberes por medio de los nombres propios de cada Junta Auxiliar.

El memorama puede ser un punto de partida para comentar algunos aspectos específicos de cada Junta Auxiliar. Mientras se está jugando se le puede narrar a niñas y niños, por ejemplo, que en San Francisco Totimehuacán o La Resurrección se conservan vestigios arqueológicos de sociedades prehispánicas; que en La Libertad se encuentra el volcán más pequeño del mundo, mejor conocido como Cuexcomate; aludir al valor del quehacer humano en la Junta Auxiliar San Felipe Hueyotlipan, donde se tejen cestas, tortilleros, bolsas y otros artículos de palma; o bien que en San Andrés Azumiatla se realizan bordados que reflejan las coloridas flores, propias del paisaje de esta zona del país.

Para acceder rápidamente a este juego, y otros más, solo se necesita entrar a nuestro micrositio: centrohistorico.pueblacapital.gob.mx, en la sección Nuestros Proyectos, ahí se alojan todos los juegos patrimoniales titulados “Aventura en el Centro Histórico y Patrimonio”. De este modo te invitamos a disfrutar, en familia, la experiencia de encuentro lúdico y reconocimiento del patrimonio cultural del Municipio de Puebla. §


  1. Maestra en Comunicación Estratégica, analista de medios y académica. 
Publicado en Cuetlaxcoapan 27

La Junta Auxiliar de la Resurrección está situada en el Municipio de Puebla, a 2,344 metros de altitud. Dentro de todos los pueblos del municipio, ocupa el número 4 en cuanto a número de habitantes, con un total de 10,536.

Puebla posee un patrimonio cultural a lo largo y ancho de su territorio, y existen muchos lugares arqueológicos que ni los propios poblanos conocen. Uno de ellos es la zona arqueológica “Manzanilla”. Las ruinas prehispánicas del ex bosque de Manzanilla, que están ubicadas al noreste de Puebla capital, constituyen un importante legado patrimonial que, lamentablemente, ha sido totalmente devorado por el crecimiento urbano, relegado al olvido y abandono. La zona arqueológica se sitúa a 5 kilómetros de la capital poblana, sobre la carretera que va a las Juntas Auxiliares de La Resurrección y San Miguel Canoa. Geográficamente, esta zona forma parte de las laderas del volcán Metlalcueyatl, mejor conocido como la Malinche.

Se sabe que las ruinas formaban parte de una antigua propiedad conocida como ex hacienda Manzanilla. El yacimiento arqueológico se encuentra dividido en tres zonas principales: el Cerro del Marqués (periodo Preclásico), el parque de Manzanilla (periodo Clásico) y la Hacienda de San Diego Manzanilla (periodo Clásico Tardío y Posclásico).

Vista aérea del juego de pelota de La Manzanilla. 2021. Foto de Jorge Román Meléndez.

En el área Cerro del Marqués se encuentran tres agrupamientos de vestigios arqueológicos, de los cuales, destacan tres pirámides, construidas en el periodo Preclásico (2500 a.C. a 200 d.C.). Hasta el año 1964 estas pirámides se encontraban en buenas condiciones arquitectónicas. Posteriormente, las edificaciones han sufrido deterioros notables, causados fundamentalmente por la acción humana. Una de las pirámides se erige sobre la cima del cerro, las otras dos contienen terrazas aun revestidas de piedra.

La Hacienda de San Diego Manzanilla tiene los vestigios de 15 o 16 pirámides, prácticamente destruidas, las cuales han sufrido, lamentablemente, saqueos sucesivos en diferentes épocas. Existen también ruinas de un juego de pelota. Estas edificaciones pertenecen a los periodos Clásico (200 a 900 d.C.) y Postclásico (900 a 1500 d.C.). En 1965 el juego de pelota fue intervenido para su reconstrucción, razón por la cual actualmente es el edificio mejor conservado de todo el yacimiento.

En la época posterior al virreinato, se erigió en este lugar la hacienda dedicada a la explotación agrícola (que aportó la denominación actual del sitio), cuyo funcionamiento afectó, en gran medida, el estado físico de los vestigios que integran este yacimiento. De acuerdo con los estudiosos, parece ser que este sitio estuvo vinculado a la misma cultura que construyó Teotihuacán durante el periodo Preclásico, entre los años 2500 a.C. al 200 d.C, y tuvo su máximo esplendor durante el periodo Clásico Temprano. El área de ocupación abarca parte de las estribaciones del volcán “La Malinche”, donde originalmente abundaba la vegetación de pino y oyamel. En forma general, se pueden distinguir de 14 a 16 pirámides, y algunas otras estructuras, donde se aprecia la técnica constructiva a base de rocas de canto rodado o piedras de río.

Aunque los vecinos han intentado recuperar los vestigios de esta zona ubicada en la capital poblana, y a pesar de existir una construcción de “juego de pelota”, tal vez uno de los primeros en Mesoamérica, las autoridades de los tres órdenes de gobierno dejaron en el olvido estos vestigios. Entre las casas se localiza un terreno que al parecer tuvo mucha abundancia en la antigüedad, cuando eran prósperas las culturas mesoamericanas. Aquí, en medio de la mancha urbana, sobresalen los montículos y lo que podría ser el primer juego de pelota de dichas civilizaciones. Sin importar el legado histórico y cultural, actualmente la zona se ha convertido en un basurero.

La maleza se apoderó de las partes expuestas de este asentamiento, el cual fue descubierto desde principios del siglo XX. Aquella zona, que incluía varias hectáreas, fue reducida a un terreno en el que aún se conservan unos cuantos montículos y el juego de pelota; lo demás fue saqueado por gobiernos y los mismos pobladores.

Desde hace tiempo, la estructura que quedó de la época prehispánica dejó de ser valorada por los vecinos, y sólo un grupo reducido apoya económicamente para el mantenimiento del parque donde se ubica esta pequeña edificación. La zona arqueológica de la Junta Auxiliar de la Resurrección está grafiteada, abandonada, y es utilizada como basurero; los mismos habitantes le dan mantenimiento, pero no es suficiente ni adecuado para lo que se requiere.

Preservar las zonas arqueológicas es una tarea de todos. No debemos dejar en el olvido el legado de grandes culturas que enseñaron, generación tras generación, la importancia de respetar la naturaleza y todo lo que nos rodea. Su grandeza se ve representada en la cosmovisión que alimentó la esencia de cada una de las construcciones que aún se conservan, a pesar de la indiferencia a nuestra historia. No son solo ruinas que han sido dejadas el olvido, es nuestro pasado, nuestra esencia; es un encuentro con nuestra propia identidad, parte fundamental de nuestra cultura como mexicanos.

Publicado en Cuetlaxcoapan 27
Martes, 24 Agosto 2021 18:55

Sitio arqueológico de Amalucan

En el nororiente de la ciudad de Puebla hay un gran centro ceremonial milenario, el cual en otro tiempo fue una de las urbes más desarrolladas del Altiplano Central. Este lugar es el sitio arqueológico de Amalucan. Si bien actualmente la gran mancha urbana lo tiene rodeado, en su momento llegó a tener un área de influencia de 19,500 km2.

Amalucan, “lugar que se encuentra a un lado del agua”, tomó el nombre de la ex-Hacienda de San Juan Amalucan, ubicada al oriente del cerro del mismo nombre. Lamentablemente no conocemos el nombre original que pudo haber tenido. Lo que sí sabemos es que algunos grupos humanos se asentaron en la zona durante el periodo conocido como Formativo,² caracterizado por la consolidación de la primera gran revolución de la historia humana al desarrollar la agricultura.

 

El Altiplano Central durante el periodo Formativo

Los pueblos del Formativo se establecieron en aldeas permanentes, casi siempre cercanas a ríos y lagunas, donde dispusieron sus casas en partes elevadas con diversos materiales perecederos como troncos, paja y lodo. Estos grupos subsistieron principalmente de la agricultura, en un principio de temporal, aprovechando la existencia de ríos y lagos, más tarde utilizaron las técnicas de roza y, finalmente, el cultivo en terrazas.

 

Panorámica desde el cerro de Amalucan. 1969. Melvin Fowler.

 

El trabajo agrícola se centró en el cultivo del maíz, frijol y calabaza, pero conservaron la caza, la pesca y la recolección. En estos territorios no existieron las condiciones para desarrollar la ganadería, por consiguiente, la carne se conseguía, únicamente, mediante la caza. Se logró disponer de algunos animales como patos, tlacuaches, jabalíes, conejos, venados, guajolotes y tejones; así como peces, ranas, acociles y ajolotes, obtenidos mediante la pesca. También fueron importantes los nopales, tunas, tubérculos, miel, y frutos silvestres, obtenidos por la recolección.

Desde esa época se practicó el comercio, en un principio a base de trueque entre pueblos vecinos, pero más tarde se produjo un intenso intercambio entre pueblos de diversas regiones mesoamericanas. Socialmente existió una cierta división de labores: mientras los hombres se encargaron del trabajo agrícola, la pesca, la construcción y alfarería; las mujeres se ocuparon de cuidar a los niños, preparar los alimentos, ayudar en la recolección y fabricar artesanías.

En los primeros momentos de la sociedad Preclásica no había grandes distinciones entre los miembros de la comunidad; sin embargo, con el paso de los años se establecieron algunas diferencias. El grupo de sacerdotes y hechiceros ocupó la parte superior de la sociedad, debajo de ellos se encontraban los artesanos especializados, y, finalmente, los labradores. Al finalizar el periodo Formativo, la incipiente clase sacerdotal se hizo cargo de las funciones administrativas y políticas, lo que les permitió controlar el poder y organizar las teocracias, obteniendo, de este modo, el control y dirección de los grandes centros de población.

La producción textil se desarrolló aproximadamente hacia el 900 a.C., probablemente como producto de intercambio entre los pueblos centrales y los de la costa. Con esta finalidad, se aprovecharon algunas fibras como el algodón, yuca y maguey, con los cuales se pudieron elaborar faldillas, bragueros, turbantes, etc. Podemos considerar que la producción textil fue otra de las grandes adquisiciones del hombre durante este periodo.

El arte más desarrollado fue el suntuario, alcanzando su máxima expresión con el decorado corporal y facial. En esta época, los objetos de adorno adquirieron un gran valor. Es importante señalar que mujeres y hombres rindieron especial culto a la fertilidad y a la muerte, con una destacada creencia en la otra vida y culto a los muertos.

Durante el periodo Formativo Medio (1000- 500 a.C.), la población campesina se trasladó al sur de la cuenca de México. Para el periodo final, conocido como Formativo Tardío (500 a.C.-300 d.C.), la cuenca se encontraba densamente poblada. La población continuó habitando en jacales de lodo, troncos, cañas, tule y pajas; pero se inició, en esta época, el trabajo de construcción con basamentos. Surgió la primera división de labores: albañiles, lapidarios, joyeros, alfareros y comerciantes, quienes subsistían a merced de su propia actividad, pero respaldados por el esfuerzo de campesinos, cazadores y pescadores.

 

Esquemas 1-3 de la excavación de los canales del área B. 1969. Melvin Fowler.

 

También se consolidó el poder social en torno de un jefe sacerdotal quien, en cierta manera, se convirtió en la autoridad del grupo.

En la última fase del Formativo comenzó el desarrollo de la primera cultura grande del Altiplano, la cultura teotihuacana, en la cual se desarrolló la arquitectura con los primeros monumentos que representan en realidad basamentos piramidales y que sirvieron de asiento a los primeros adoratorios del México antiguo.

Antecedentes históricos de Amalucan

El desarrollo del sitio de Amalucan se localiza en tres de las siete fases culturales propuestas por el antropólogo Ángel García Cook para explicar las transformaciones de la población del área:

Fase II Tlatempa, 1200 a.C.-800 a.C. En esta fase los habitantes gozaban de una economía mixta basada, principalmente, en la agricultura y complementada con la caza y la recolección. Los núcleos habitacionales estaban conformados de 12 a 80 casas habitación. Los asentamientos se ubicaban en la cima o laderas altas de los cerros, cercanos a lugares con agua permanente. Para esta fase se tiene ya la presencia de terrazas de uso mixto habitación y cultivo, aprovechando las pendientes de las laderas, construidas a base de piedras.

También se fabricaron canales para poder controlar las avenidas de agua y evitar la erosión (o posible anegamiento de sus terrenos de cultivo). Durante estos años no se cuenta con restos de estructuras que indiquen la presencia de espacios ceremoniales.

 

Esquemas 4-6 de la excavación de los canales del área B. 1969. Melvin Fowler.

 

Fase III Texoloc, 800 a.C.-300 a.C. En este tiempo, los habitantes dependían cada vez más de la agricultura, aunque seguían complementando su dieta con la recolección y cacería. Los asentamientos eran grandes aldeas, pero giraban en torno a poblados mayores con estructuras ceremoniales. Cada núcleo habitacional, cuya distribución era circular o lineal pero siempre concentrada, estaba conformado de 200 a 600 habitantes, aunque había algunos grupos menores que vivían en forma dispersa, cuyos componentes no rebasan las 15 personas. El número de casas habitación era de 20 a 80, además de sus estructuras ceremoniales, ya que los sitios que cuentan con estructuras de esta índole eran también habitacionales con canales de riego o de control de agua, así como terrazas de habitación cultivo. Además del gran número de casas habitación, se han encontrado en los trabajos arqueológicos, gran cantidad de formaciones troncocónicas, hornos de cerámica, temazcales y fogones (tlecuil), elaborados con estacas, ramas y lodo. Estos poblados y aldeas estaban situados en las cimas de las lomas y cerros, así como en sus laderas.

En 1969 el arqueólogo Melvin Fowler, bajo el apoyo de la Universidad de Illinois, realizó una investigación en Amalucan e hizo una comparación de este sitio con Cahokia, ciudad precolombina a orillas del río Missisipi. Fowler clasificó ambos sitios dentro de la categoría de “Templo- Ciudad”. Uno de los temas del reporte de Fowler, a partir de las tomas aéreas de Amalucan, fue una línea recta larga, oscura en todas las fotografías, que se extiende hacia el Gran Montículo (número 1) del grupo central, al noreste por aproximadamente 1500 metros. Se trata del lecho de un arroyo. Una toma más cercana de las fotografías aéreas reveló la existencia de otras líneas, en intervalos de 9 metros aproximadamente. Se tratan de los canales de irrigación. Lo que es importante destacar es que desde el momento en que comenzaron las investigaciones en la década de 1960, no se ha encontrado otro tipo de alfarería que no sea la del Preclásico o Formativo.

Aspectos religiosos

El Cerro de Amalucan tiene la connotación de ser un Tonacatepetl-Altepetl, donde el culto hacia las montañas y las cuevas posee un misticismo que ha sido observado, desde tiempos remotos, en otros sitios de Mesoamérica. Además de ser un manantial de agua dulce, también hay evidencia del culto a otras deidades que tuvieron gran importancia dentro de la cosmovisión de aquella civilización. Otro aspecto importante es el edificio 2 del grupo del Valle que tuvo una función astronómica. Los canales también desempeñaron no sólo un avance en la irrigación de sus campos de cultivo, sino también complejos rituales a la fertilidad y al poder del grupo hegemónico que allí gobernaba. §

 

Huehueteotl - Quetzalcoatl - dios murciélago. 1999. Foto de Gustavo Juárez.

 

Bibliografía

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  • BROWMAN, David L., Early Native Americans: Prehistoric Demography, Economy, and Technology, New York, Mouton, 1980.
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  • CARBALLO, David M.; y Anthony F. Aveni, “Los vecinos del Preclásico en Xochitécatl y la institucionalización de la religión”, en Arqueología Mexicana, 117 (septiembre-octubre 2012), pp. 52-57.
  • DOOLITTLE, William E., Canal Irrigation in Prehistoric Mexico: The Sequence of Technological Change, Austin: University of Texas Press March, 2011.
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  • PEREGRINE, Peter N., Archaeology of the Mississipian Culture: A Research

Guide, New York, Garland Pub., 1996.

  • PIÑA CHAN, Román, Quetzalcóatl: Serpiente emplumada, México, Fondo de Cultura Económica, 2014.2

¹ Miembro del Colectivo Matlalcueyetl Alseseca.

² También conocido como Preclásico, el cual comprende los años que van del 1200 a.C. al 200 d.C.

Esquema de los canales de irrigación. 1969. Melvin Fowler.

Montículo 1. 1969. Melvin Fowler.

Mapa del sitio Arqueológico de Amalucan. 1969. Melvin Fowler.

 

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Sobre el terciopelo negro, profundo como la noche sin estrellas, el ave se revuelve inquieta, con la serpiente presa en el pico y el plumaje que refulge con luz propia. “He visto muchos trajes —dice doña Guille— en donde el águila parece zopilote o parece guajolote. El águila es una figura muy representativa de México, es un ícono, un símbolo patrio, entonces hay que bordarla con mucha devoción y respeto. Así pienso yo. Quiero que, cuando vean este traje, que vean que ésta es el alma de México. Y de preferencia, si hace usted su… no sé lo que vaya a hacer usted con todo esto, pero póngale ‘Esto es México’. Se lo sugiero”.

Guillermina Moreno con libro de su autoría. Foto de Daniel Herrera

Guillermina Moreno ha dedicado la vida a dos pasiones. Una es su colección de textiles, que ha conjuntado a lo largo de décadas; la otra, la mayor tal vez, es la china poblana. Para doña Guille, la historia de la china poblana y de su traje típico es una obsesión, que le ha acompañado desde sus primeros años y que ha cobrado para ella el sentido de una cruzada por rescatar la tradición en su forma primigenia, sin el recargado folclorismo que la  envuelve en nuestros tiempos. ² Todo comenzó muy temprano: “De niña siempre veía una foto de mi tía, vestida de china poblana, una foto como de 1928. Este par de aretes —una de las piezas de su extensa colección— los usaba en esa foto. Siempre me llamó la atención la china poblana, mire, hasta mis muñecas están vestidas de china. Siempre tuve esa fijación”.

Ambas pasiones han corrido de la mano, dando por resultado una maravillosa y peculiar colección, compuesta por textiles antiguos, bordados tradicionales de las distintas regiones del país, y, por supuesto, todos los accesorios relativos a la china poblana. Cuando le pregunto cuántas piezas integran su colección, doña Guille ríe. Ni siquiera intenta aventurar una cifra, para qué, si en cada cajón, en cada armario y en cada rincón de su hogar, a la manera cortazariana de una casa tomada, siempre aparece una nueva blusa, una falda más, otro huipil, aún más bello que el anterior. Por estos días, doña Guille se ha tomado la molestia de sacar a la luz una pequeña parte de su acervo textil, tarea engorrosa y nada sencilla, y aprovechando la ocasión me abre generosa las puertas de su casa para mostrármela.

Con poner un pie en esa casa, en el barrio del Carmen, uno puede adivinar al primer vistazo quién es doña Guillermina: reproducciones de fotografías antiguas sobre el muro del pasillo; juguetes tradicionales en un canasto; libros que se cuelan hasta la despensa; la bella maqueta de la cocina de Santa Mónica; algunas porcelanas, las pocas que le quedan, porque ha ido regalando muchas; la vitrina con todo el diminuto mobiliario de una casa de muñecas; más fotografías, ahora de doña Guille en comunidades y pueblos; muñecas ataviadas, claro, con trajes de china poblana que la propia doña Guille ha bordado; antigüedades de bazar aquí y allá. En la cocina, un panel en talavera de San Pascual Bailón, el santo de las cocineras; en la pequeña salita un retrato suyo, con una Guillermina aún joven, coronada de flores y ataviada con un huipil, que sostiene un colibrí, como símbolo de la libertad que vibra en el espíritu de esta mujer. Los sillones y la mesa de centro han desaparecido bajo un alud de textiles, con las faldas, blusas y enaguas que el pequeño espacio ha permitido sacar. Y aparece ahí, en medio de la sala, el mítico nopal donde se posa el águila que devora a la serpiente, todo bañado en un brillo áureo que resalta sobre el terciopelo negro, con elegancia y sobriedad. Es la falda de la china poblana que doña Guille ha estado bordando. Tal vez, su creación más querida.

 Bordado con lentejuela antigua. Foto de Daniel Herrera

 

“Me ha llevado toda la pandemia —cuenta doña Guille, orgullosa de la belleza que sus manos han confeccionado. No volveré a hacer una falda igual, porque el maestro Maimone [se refiere a su querido amigo Manuel Alejando Hernández Maimone, actual director del Archivo General Municipal de Puebla] me hizo el favor de regalarme chaquira de su bisabuela. Todos esos detalles están hechos con la chaquira que me obsequió. Todo en tonos dorados, plateados y cobre, con chaquira más pequeña que una lenteja, cuidando los detalles para darle movimiento a la figura”. Se trata de un traje de gala, muy alejado de los trajes de china que solemos ver, tan propensos a lo kitsch, a la sobresaturación y a los brillos que los convierten en disfraces más que en trajes típicos. Para doña Guille, la china poblana merece el mismo respeto que los símbolos patrios, por eso se ha convertido en una purista de la tradición, empeñada en rescatar el traje en su versión primigenia. “Alguna vez vi a una artista, en un 15 de septiembre, que no se podía mover porque la falda pesaba 10 kilos, y la gente decía ¡ay, 10 kilos de lentejuela! Pero no tenía vida, no tenía movimiento ni expresión.”

“Este trabajo —me dice, con la voz quebrada y la resaca de las horas de angustia— yo lo estuve bordando con lentejuela, chaquira y lágrimas, porque mi hijo y mi nuera se enfermaron de Covid-19, pues ambos estaban trabajando en San José, y pues pasamos una situación muy difícil”. Doña Guille acaricia con suavidad el largo lienzo, lo mima, y se toma un instante en recordar lo duro que fueron aquellos días. “Lo único que le sirve a una de consuelo, cuando pasa por esas situaciones tan difíciles, es buscar algo en qué acomodar nuestra angustia, nuestra tristeza, nuestra impotencia. Por eso en este trabajo he depositado parte de mi alma.”

En este año y medio reciente, doña Guillermina se ha dejado los ojos en este trabajo, bordando con minucia cada detalle, hilando pacientemente cada una de las diminutas lentejuelas y chaquiras (muchas de ellas antiguas, que ya no se fabrican) para lograr una figura solemne, pero cargada de vida y movimiento. “Además del bordado, de todo el tiempo y el trabajo que requiere, también se tarda uno en buscar el material adecuado. Yo no encontraba una tela que rimara para la blusa, pero ya la encontré”, me cuenta emocionada. Ha bordado y confeccionado otros trajes antes, pero éste representa para ella la cúspide de su labor como artista textil, por eso ha cuidado hasta el mínimo detalle, como los zapatos que hizo forrar del mismo terciopelo de la falda, o la joyería de ámbar que debe llevar.

“No es un traje para bailar o desfilar, es un traje de gala. Yo quisiera que esto quedara en un gran museo de aquí, de Puebla”.