Gerencia del Centro Histórico - Elementos filtrados por fecha: Septiembre 2021
Miércoles, 15 Septiembre 2021 17:29

Las figuras del teatro en Puebla, parte 2

Por Ariel Azuara Campos

“Un pueblo sin teatro, es un pueblo sin verdad”

(Rodolfo Usigli)

 El Teatro

 

El teatro universitario fue creado en 1948 por Ignacio Ibarra Mazari, pero cerro por falta de recursos en 1952; Sin embargo el Consejo Universitario al conocer la solicitud de subsidio para el teatro, en 1953 crea el Departamento de Arte Dramático, iniciando la segunda etapa del teatro ese mismo año.

Para mí, es un teatro acogedor, íntimo, pequeño con excelente acústica donde se disfrutaba de las puestas en escena de Nacho (como todos lo conocían).  Recuerdo que en el año 1999, por el sismo tan fuerte que sacudió a nuestro Centro Histórico, este escenario permaneció sin actividad, hasta que se gestiona nuevamente su reapertura, para seguir funcionando hasta la fecha.

 José Recek Saade, poeta ensayista, promotor cultural y dramaturgo funda el Teatro Popular de Puebla en 1951 y finaliza en 1963. En estos montajes  participa como primera actriz Gloria Aguilar Jiménez.


Obra del género farsa: El Calderero. Entremés anónimo que data del año 1500. Actúan: Gloria Aguilar, Alfredo Matta y Josafat Elena.

En ese mismo año Recek  promueve  el Teatro Experimental y de Vanguardia en Puebla, hasta su muerte en 1970. También fue precursor del Teatro Pánico en México, movimiento del entonces censurado Alejandro Jodorowski, tomando parte activa en estos montajes su esposa Mariana Matta.

Ahora recuerdo a Agustín Viveros Carmona, él tomó clases de pantomima con Alejandro Jodorowski, sus rutinas en ese género eran famosas. 

Jorge Gómez Haro por muchos años interpretó y con mucho éxito a Don Juan Tenorio, contratando a grandes actrices en el papel de Doña Inés, entre ellas la primera actriz Sonia Furió. En una de estas representaciones carga a Doña Inés, fracturándose una vértebra. En esta puesta Manuel Reigadas tenía el papel de Chuti y una excelente memoria, por lo mismo se sabía el papel de Don Juan, supliéndolo en la siguiente función, desde entonces tiene más de 52 años de estar representando este papel.

Manuel Reigadas crea en 1958 el Círculo Dramático Ars. En 1962 crea el Instituto de Teatro de Puebla y en la década de los 80’s funda el Centro Cultural Espacio 1900. Dentro de este se encuentran las salas Arlequín, Renacimiento, Interiores y el Café Teatro.  Su actriz más importante es la reconocida y multipremiada Ángeles Sánchez.


Imagen de Actualidad literaria

La Escuela de Arte Teatral se funda en 1961 gracias a la inquietud de Olga Ibáñez quien logra que el seminario de teatro programado para la Ciudad de México se realice en Puebla, bajo la aprobación de Celestino Gorostiza, Director del Instituto Nacional de Bellas Artes. Todo esto y con el apoyo del Club Fotográfico de Puebla quien prestó sus instalaciones, en aquel entonces ubicado en la calle 2 oriente, esquina con 5 de Mayo.


Pilar Souza, dirigiendo un montaje en la Escuela de Arte Teatral


Hugo Argüelles dando cátedra de Composición dramática en la Escuela de Arte Teatral


Toño López Mancera. Eminente escenógrafo.

 

En sus sesenta años, la Escuela de Arte Teatral ha presentado un sinfín de obras y desfilado grandes figuras de la escena, tanto maestros y como actores. En sus aulas se han formado generaciones de alumnos que en la actualidad viven del y por el teatro en Puebla.


Programa de mano


Olga Ibañez como Fenisa


Los signos del zodiaco (1964). Ma. Luisa Amador (Eloina) y Ariel Azuara (Lalo)

Bajo la dirección de Francisco Jaramillo, se funda el Teatro Normalista de Puebla  en el año 1963, Su trayectoria duró 55 años de manera ininterrumpida hasta el deceso de Jaramillo en 2018. Por más de medio siglo este sitio fue un buen semillero de actrices y actores. De los múltiples montajes se desprende la exitosa temporada de “La noche de los asesinos”.

Carlos Robles, egresado del Instituto de Arte Escénico en México; maestro de teatro en la Universidad de las Américas, Universidad Iberoamericana y Benemérita Universidad de Puebla, escritor de novelas, dramaturgo, tiene varias publicaciones bajo el seudónimo de Roble Coraza. Actor del drama holista. Ha sido Director de la Compañía de Teatro de la Universidad de las Américas.

Wiily Cabello llegó a nuestra ciudad en 1988 invitado por la Compañía de Teatro de la Universidad de las Américas para dirigir El Concierto de San Ovidio, quedando de manifiesto la calidad de su dirección.


Willy Cabello y Erika Chávez en la Universidad Iberoamericana

 

En ese mismo año funda el teatro profesional A Trasluz, montando obras de vanguardia,  entre ellas El Yanqui, El Cepillo de Dientes. Fue Director del grupo de teatro de la Universidad Iberomericana e inspiró de tal manera a los integrantes del grupo universitario, que de ahí continuaron una vida profesional en torno a este bello arte.

Ángeles Sánchez actriz escritora y productora con más de 43 años como actriz, siendo una primera figura de la escena poblana por su gran rango actoral que abarca todas las disciplinas, cine, radio, teatro y televisión, dando por resultado ser multi premiada en su amplia trayectoria.

Marko Castillo egresado de la Escuela de Arte Teatral de Puebla, actor, director y dramaturgo, junto con Víctor Puebla y Ricardo Pérez Quitt crearon el primer grupo de Teatro Independiente de Puebla. Castillo también creó el grupo teatral Salvador Novo.

 

 
Marko Castillo y Víctor Puebla

 

Entre Marko Castillo y Víctor Puebla crean el Divertimento Poblano y Mexicanerías. Fue director de la compañía de teatro, Teatrofilia AC y director de la compañía del IMACP, tanto como actor y director fue merecedor de múltiples premios.


Marko Castillo y Laura Fernández (Foto de Teatrofilia AC)

Víctor Puebla actor y director de teatro. En el teatro universitario y junto a Marko Castillo hicieron la mancuerna perfecta uniendo sensibilidad y creatividad, para lograr importantes montajes de los clásicos del teatro.

Nuevamente  juntos Marko Castillo y Víctor Puebla crean varios espectáculos donde se integraba actuación, música y danza; por ejemplo Divertimento Poblano,  la Poblanería de los Ángeles, Chava ese chavo que salvó a Salvador, en honor del compositor Chava Flores.

El teatro ha dado tanto a Puebla... sigue la tercera parte, donde seguro encontrarás nombres de actrices y actores que has vistos en escena. 

Edición del texto: Erika Chávez González 

 

Te puede interesar LAS FIGURAS DEL TEATRO EN PUEBLA, PARTE 3

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Miércoles, 15 Septiembre 2021 17:00

Las figuras del teatro en Puebla, parte 1

 

Por Ariel Azuara Campos

 

“Un pueblo sin teatro, es un pueblo sin verdad”

(Rodolfo Usigli)

En Puebla hay muchas verdades, inspiradas por la antigua Grecia, cima de la civilización, donde nació el teatro griego a partir de las fiestas en honor al dios Dionisio (las dionisiacas) a través de danzas y cantos corales en los siglos VI y V a. de C.  Esto sucedía durante la primavera. El carro de Tespis, un poeta lírico iba de pueblo en pueblo organizando las fiestas locales representando textos literarios para bailar y cantar. Ante la y por medio del coro, creaba el diálogo dramático, surgiendo así la tragedia.

Posteriormente hacen su aparición los padres de este género: Esquilo, Sófocles y Eurípides y más adelante el padre de la comedia: Aristófanes. Este milenario arte, llegó a todas las culturas del mundo. 

En nuestro país el teatro jugó un papel sumamente importante en la Conquista como factor de evangelización y en la actualidad es un medio por el cual los individuos plantean problemas que afectan a una sociedad.

En la ciudad de Puebla, de la misma manera que en Europa de los siglos XVI y XVII se le llamó Corral de Comedias a un estilo de teatro público instalado en patios y corrales descubiertos; en ellos se representaban obras del siglo de Oro de los dramaturgos Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca y Tirso de Molina.

México también aportó dos grandes dramaturgos: Sor Juana Inés de la Cruz y Juan Ruíz de Alarcón. En Puebla ya como teatro formal y comercial se inauguró el Teatro Principal en 1760, desde entonces sigue funcionando como el primer teatro de América en pie.   A partir de mediados del s. XX yo he sido participante y testigo del teatro poblano.


Díptico de la remodelación del Teatro Principal en 2010.

El clérigo Manuel Teyssier en 1942 crea el grupo de teatro Juventud, donde se presentaban sainetes para público muy sencillo en la iglesia localizada en el barrio de El Alto.

 

Miko Viya dramaturgo, promotor y director de teatro, estudió arte dramático en Baylor University en Waco Texas y dirección teatral en Paris. Fue de los primeros en formarse de manera profesional, porque en aquella época la vena del teatro era más sensible que técnica. En Puebla funda el teatro francés en 1942 y el Grupo de Teatro Francés en 1947, quizá  a partir de las inquietudes del alumnado del famoso colegio Howard, del cual fue maestro. Al paso del tiempo varios actores fuimos participando de sus obras, por ejemplo Mata Hari, en ella mi personaje fue “El Agente Babosón”.

Miko Viya, genial artífice del teatro poblano.

 


Ariel Azuara en la obra Mata Hari, dirigida por Miko Viya.

A partir de 1951 trabajó en Telesistema Mexicano (Antecedente de Televisa) como director de tele teatros de Fernando Soler, Teatro Fantástico, Pepita Gomís y su Tele Kinder, La Hora de Bellas Artes, Sin Comentarios con Agustín Barrios Gómez. El derroche de creatividad de este director poblano se reflejó en sus más de 92 series en televisión y varios programas del Festival Cervantino.


Fernando Soler


Enrique Alonso (Cachirulo)


Pepita Gomís

Su amor por el arte incluso le llevó a escribir varios libros sobre tradiciones de la Puebla antigua y obras de teatro. Aún conservo los libros autografiados por él, era un excelente conversador, maravillosa persona de quien tuve la fortuna de ser dirigido y amigo personal. El teatro ha dado mucho más, pero de esto continuaré en la segunda parte. 

Edición del texto: Erika Chávez González
 

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Lunes, 13 Septiembre 2021 21:24

Sueños de barro quemados en fuego

Por: Mónica Franco


¿Cuántos recipientes de barro tienes en tu casa?, ¿cuántas cazuelas, ollas o jarrones tienes para cocinar o conservar agua? Si son dos o tres no importa, eres una persona afortunada: tienes el pedacito del alma de un alfarero, además de un recipiente que dará mejor sabor a tus alimentos.
María Lourdes Candelaria Maceda Huerta tiene decenas de historias que contar acerca de su larga experiencia en el magisterio. Sin embargo, algo de lo que más atesora son las cuatro cazuelas de barro elaboradas de los sueños de barro de algún alfarero, las cuales resguarda en su hogar.
Lulú guisa en estas cazuelas los más tradicionales platillos poblanos, aderezados con los recuerdos de su infancia en el Barrio de La Luz. Sostiene que los artesanos son soñadores que, antes de trabajar el barro, la talavera, la madera o los bordados, imaginan y luego realizan sus piezas únicas y maravillosas.
De niña, Lulú se sentaba frente al horno que quemaba las enormes cazuelas de campana para los moles, o los sahumerios y candelabros vidriados en negro, para la temporada de muertos. Las rebabas que se desprendían en el proceso saltaban aún con fuego, como si danzaran; así recuerda ella las tardes que pasaba en el taller de alfarería de su padre, Luis Maceda Estévez, que se ubicaba en la 16 Norte número 3, en el Barrio de La Luz.
Algunas figuras de barro, que la maestra coleccionó por años, se encuentran a resguardo de la Gerencia del Centro Histórico y Patrimonio Cultural del Ayuntamiento de Puebla. Ella las donó en 2017, con la intención de que se difundiera el uso de utensilios de barro como parte del patrimonio cultural inmaterial de nuestra ciudad.
Entre estas piezas de colección están tres pescaderas de diferentes tamaños, que se utilizaban para una exhibición estética de los alimentos en la mesa —conservas de calabaza, duraznos, tejocotes; chiles poblanos rellenos de queso, manchamanteles o pescado tenso (seco y salado)—, así como dos ollas y una jarra para conservar el agua más fresca.

 Pescaderas, pieza donada por María Lourdes Candelaria Maceda Huerta. 
Colección Alfarería del Barrio de La Luz s. XX

Además, hay dos picheles, jarras de cuerpo alto y redondo que se ensanchan en la base; un jarrón con el rostro de un apache, elaborado exprofeso para el pulque; un jarro de trampa, llamado así por los agujeros y las tres boquillas que ostenta en su cuello, que simulan que el agua se regará al servirse.

 
Pichel sin decorado, pieza donada por María Lourdes Candelaria Maceda Huerta. 
Colección Alfarería del Barrio de La Luz s. XX 

 
Pichel con decorado, pieza donada por María Lourdes Candelaria Maceda Huerta. 
Colección Alfarería del Barrio de La Luz s. XX 

El Apachepieza donada por María Lourdes Candelaria Maceda Huerta. 
Colección Alfarería del Barrio de La Luz s. XX 

En el conjunto también se observa un pequeño bracero, con una ollita encima; estos eran empleados para sahumar con incienso. Un florero y una figura decorativa de un panzón, similar a los tradicionales de Corpus Christi.

Bracero con ollitapieza donada por María Lourdes Candelaria Maceda Huerta. 
Colección Alfarería del Barrio de La Luz s. XX 

Floreropieza donada por María Lourdes Candelaria Maceda Huerta. 
Colección Alfarería del Barrio de La Luz s. XX 

 El Panzónpieza donada por María Lourdes Candelaria Maceda Huerta. 
Colección Alfarería del Barrio de La Luz s. XX 


Enérgica, tal como lo fue como supervisora de zona escolar, Lulú asegura que los chiles en nogada se debieran servirse en un plato de barro hecho en el Barrio de La Luz, y no en uno de talavera; al mismo tiempo declara que en Puebla “se dejó de vender talavera original […] que muchas veces sustituyen por cerámica o mayólica que traen de Guanajuato […] Si se quiere auténtica, hay que saberle, yo la compro en Artesanías Poblanas Joselito o en Arte Rodríguez con el licenciado Benjamín”.
Lo mismo comenta sobre el pozole de las fiestas patrias, que debería servirse en tazón de barro. Igualmente, que los pipianes, ayocotes y, por supuesto, el mole poblano, se deben cocinar en cazuela de barro. Incluso los quesos fundidos con chorizo saben mejor hechos en cazuelas torteras de barro, afirma Lulú. Aclara que no es enemiga de la talavera, pero insiste que, en sus tiempos de juventud, hasta el chicharrón se freía en cazuela de barro.
Para esta amante de la alfarería, es solo un mito que se siga utilizando greta (óxido de plomo) para esmaltar o vidriar el barro, situación por la que las amas de casa cambiaron las cazuelas de barro por las de aluminio y peltre. En los noventas, la popularidad de los sartenes y ollas de teflón incentivaron, aún más, el desuso del barro.
Es curioso cómo los recuerdos de Lulú y la alfarería siempre se mezclan con los platillos típicos. Por ejemplo, recuerda que antes de iniciar con el quemado de candelabros y sahumerios de las ofrendas de la temporada de muertos, un sacerdote bendecía el horno, se echaban cohetes y después se comían envueltos de mole poblano.
Por otro lado, nos comenta que el proceso de quemado del barro era riesgoso, por lo que existía una persona dedicada a ello: el hornero, quien, junto con sus auxiliares y echando mano de una varilla, se ayudaba para atizar las brasas de fuego, esas que ella de niña veía que danzaban por los aires. Quizá por eso, de jovencita, se convirtió en danzante folclórica y sacaba fuego del piso con su zapateado.
Este texto es parte de las raíces y los recuerdos de la memoria oral y escrita de la profesora Lulú, orgullosa hija de un alfarero.
Aquí las personas y familias que recuerda y que le gustaría que algún día fueran reconocidas: Sr. Miguel conocido como El Pajarito, el creador de las piezas donadas que se describen en este texto; el Sr. Jerónimo Alonso y su esposa Leonila Pérez; los hermanos Gómez Ponce, los cuates Rodríguez y su padre; Don Melitón, José Soriano e hijos; Francisca García e hijos; Antonio Villarados e hijos; Sr. Álvaro González (Comboy); Sr. Félix y esposa, familia López; Los Gordos o Churumbeles; Gerardo López Álvarez y Librado Salamanca e hijos.

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Por: Paola Patricia Castro Valderrama.

Montero Pantoja, Carlos. La arquitectura del saber. Los colegios de Puebla 1531-1917. Puebla. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2013, pp. 279.

Puebla, en el periodo virreinal gracias a los colegios jesuitas y tridentinos tenía una vocación educativa que ha sido poco estudiada y valorada, esto provocado principalmente por los cambios culturales que trajo la desamortización y la implantación de la educación laica.

Con el paso de los años, aunque estos grandes colegios desaparecieron, la educación no ha perdido importancia en Puebla, tal y como podemos darnos cuenta con la evolución del Colegio del Espíritu Santo a la ahora Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la fundación de las diferentes universidades en los años sesenta contando en la actualidad con cerca de 300 instituciones de educación superior.

El texto, se enfoca principalmente en un estudio histórico de los colegios de enseñanza superior y sus seminarios durante la etapa virreinal y como estos fueron transformados, algunos conservando su carácter educativo y otros siendo vendidos al ser propiedades religiosas. El autor se encarga de abordar los colegios históricos como lo son el de San Luis, San Jerónimo, El Espíritu Santo, San Ignacio, San Ildefonso, San Javier, San Juan, San Pedro, San Pablo y San Pantaleón. El cual se aborda en tres capítulos, el primero se refiere a los colegios jesuitas; en el segundo, el Colegio del Espíritu Santo y el tercero referente a los “Reales Colegios Tridentinos”

El autor se basa en cronistas poblanos y diferentes archivos, como del Ayuntamiento, del Estado, de Notarias, y del Registro público de la Propiedad y comercio del Estado de Puebla, entre otros. Te invitamos a conocer sobre la arquitectura de los antiguos colegios poblanos en la Biblioteca Jean Paul L´Allier.

 

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Por: Paola Patricia Castro Valderrama.

 

Herrera Feria, María de Lourdes. Puebla en las Exposiciones Universales del Siglo XIX: La inserción de una región en el contexto global, Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2015, pp 438

En este libro, se aborda la construcción de la imagen de la nación mexicana en un contexto internacional, esto, para ganar reconocimiento frente a otros países a través de las exposiciones universales que son una oportunidad de consolidar la idea, construyendo la imagen que debía proyectar globalmente, gracias a diversas gestiones diplomáticas, movimientos de opinión, edición de obras propagandísticas y por supuesto la participación de eventos como lo fueron las exposiciones.

Pero para lograr este discurso de una nación consolidada, no solo el centro político fue participe, si no que los poderes regionales también jugaron un papel importante; en este libro la autora decide enfocarse en los aportes que da el estado de Puebla en la integración de las colecciones mexicanas exhibidas en las diferentes exposiciones universales que se suscitaron en la segunda mitad del siglo XIX.

Puebla, una ciudad antigua e importante desde su fundación en 1531, se convirtió en un centro político, administrativo y una región económica y demográfica de gran importancia, siendo en la actualidad la cuarta ciudad más importante del país.  Con tres aspectos a destacar: su demografía, la historia de su fundación y el estudio del arte y arquitectura poblana. Por lo que no es de extrañar que haya sido tomada en cuenta para la construcción y representación en las exposiciones universales las cuales aparecieron en un periodo de transformaciones que muchos han decidido llamar “primera globalización”, que resultaron en un proceso de integración del mercado mundial que no tenía precedentes, y para los habitantes y el gobierno de Puebla, representaron la posibilidad de negociar nuevos consensos con los procesos centrales, además de incursionar en los circuitos comerciales y aprender nuevos modelos económicos y culturales.

Te invitamos a leer este libro que se encuentra en la biblioteca Jean Paul L´Allier, Si quieres conocer sobre exposiciones universales, y el papel de la ciudad de Puebla, ciudad Patrimonio Mundial.

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Miércoles, 01 Septiembre 2021 15:33

En sus Zapatos en la Biblioteca Jean Paul L´Allier

Por: Paola Patricia Castro Valderrama.

 

Cárabe, Ana María. Conceptos e imaginarios de Ignacio Manuel Altamirano en la construcción Nacional. México. Universidad Autónoma de Guerrero, Miguel Ángel Porrúa 2019 pp. 173.

La problemática vivida en México a inicios del siglo XIX, un periodo complejo e inestable, en donde las estructuras sociales del Antiguo Régimen comenzaban a resquebrajarse y empieza a surgir una dinámica moderna, cuya construcción estaba fundamentada con teorías políticas de la Francia Revolucionaria, por lo que la modernidad en México se tuvo que consolidar enfrentando un sinfín de dificultades en orden material, combatiendo intereses políticos  internacionales, oposiciones ideológicas y costumbres arraigadas en la sociedad; esto, antes, durante y aun años después de que México obtuviera la independencia, donde, en sus primeros 45 años, se puede presenciar inestabilidad y diferentes revueltas con la dictadura de Santa Ana, su derrota con el Plan de Ayutla y la constitución de 1857 como consecuencia.

Esta constitución es el credo político de Altamirano y el resto de los teóricos políticos que, independientemente de que su postura fuera conservadora o liberal, buscaban un México moderno y con progreso, en donde se sustituyera el esquema económico tradicional y en todos los órdenes de la vida y lo que eso conllevaba culturalmente hablando.

Bajo este contexto Ignacio Manuel Altamirano, nacido en Tixtla en 1834, promotor del Plan de Ayutla, becado en el Instituto Literario de Toluca, colegio prestigioso, después decidió estudiar jurisprudencia en el colegio de San Juan Letrán, fue diputado por el distrito de Chilapa y el de Azoyú, fue fiscal, procurador y magistrado de la Suprema Corte de Justicia llegando a ser vicepresidente de México. Un ilustre periodista, político, literato, primer secretario de la Sociedad de Geografía y Estadística, profesor de pedagogía, derecho administrativo, historia patria y filosofía.

Altamirano tenía una gran preocupación por difundir sus ideas políticas que se ve plasmada en sus diferentes discursos, escritos de educación y periodismo político principalmente, comparando la Constitución y sus leyes secundarias para hacer posible su aplicación jurídica esto a partir del desarrollo tecnológico, el conocimiento, la educación primaria y la comprensión de las ideas liberales eran herramientas básicas para resolver los conflictos que el liberalismo enfrentaba para alcanzar la modernidad.

Es así que la autora se dedica a analizar su obra y cuáles son los temas principales que Altamirano expresó en su discurso, que era lo que le preocupaba para cumplir el sueño de un país republicano, liberal y democrático, que muchas veces son pasados por alto, dado que  toda la atención está en su enfoque político que incluye su imaginario, un poco utópico, sus expectativas del futuro del país, la fe que le tiene al proyecto liberal y la nueva constitución; que mantuvo toda su vida y fue cumpliéndose a medias. Para la autora, Altamirano maneja un discurso actualizado, en donde los fundamentos filosóficos son una parte esencial de su análisis, esto para entender un poco la razón de sus acciones y de ahí a su imaginario.

Me parece una propuesta sumamente interesante la forma de abordar y el interés de la autora por uno de los grandes pensadores que ha tenido el país; por esto, la Biblioteca Jean Paul L’Allier te invita a descubrir un poco más sobre el ilustre Ignacio Manuel Altamirano y su discurso político, así como otros tantos títulos que nos ofrece en torno a Puebla, ciudad Patrimonio Mundial.

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